Una ruta de tinta desde la ciudad de Oaxaca a Phnom Penh

Fernando Aceves Humana

14 September 2018

Durante  mi juventud en México llegaba poca  información, sobre Camboya. Su cultura tan distinta lejana y  exótica despertaba mi curiosidad. No comprendía bien el conflicto que lo desangraba. En 2007 tuve la oportunidad de exponer en Hanoi coincidiendo con la  invitación de Emilie Huard del Centre de Langue en Laos CCCL, para dar clases de grabado en la Facultad de bellas artes de Vientiane y Luang Prabang. De ahí viajé solo por Laos, Tailandia , Vietnam, Mianmar y Camboya pintando al óleo diario  en todo lugar y a toda hora. El dibujo y la pintura fueron los medios para interactuar cuando el idioma no lo permitía. Fue asombroso, la gente me protegió , me brindó su amistad y cariño en ese viaje tan rico en experiencia positivas. Estoy muy agradecido con la gente que conocí.

Camboya es un país que parece que flota en agua. El  inmenso lago El Tonlé Sap es a la vez un río que gracias a los monzones  se contrae y Dilata 400 Km al interior del país dando vida y alimento a millones de personas. Cambia su flujo con el monzón y el caudal  del río Mekong cuando sus aguas se tocan en el centro de la ciudad de PhnomPenh.

Camboya  siempre mira  a la gloria de su  pasado, ahí floreció una de las culturas mas refinadas de  la humanidad. El singular y refinado arte y arquitectura Khmer patente  en los vestigios  de Angkor, capital del imperio Khmer  que hoy atrae a millones de turistas.

Camboya es también un país con el alma herida. Es imposible  describir en pocos párrafos la historia reciente de Camboya. Se independizó sin violencia en 1953, y su política neutral, la hizo un  refugio al inicio de la guerra de Vietnam. En 1970 y en plena guerra fría sucumbió a una cruenta guerra civil atizada por los intereses de las grandes potencias y con la victoria de los Khemeres rojos en 1975 comenzó uno de los peores genocidios del  siglo XX. El régimen expulsó a los habitantes a abandonar sus ciudades asentándolos en zonas rurales. Instauró el trabajo forzoso, prohibió el dinero, la religión, la libertad de movimiento y la intimidad familiar. Abolió las escuelas y el sistema de salud, las hambrunas y enfermedades diezmaron la población. Quien tuviera educación superior debía ser aniquilado. Cuando en 1979 Vietnam invadió Camboya se conoció la magnitud de la tragedia.. Entre  90% y el 95 % del profesorado nacional, de los médicos, artistas, ingenieros, abogados, habían muerto. Una tragedia imposible de cuantificar. La guerra prolongó el sufrimiento del país ya en ruinas hasta 1993 cuando se firmaron los acuerdos de paz.

Hoy Camboya arrastra graves  carencias educativas, contrasta la miseria con la escandalosa riqueza su élite adinerada. Sin embargo con la ayuda e inversión internacional cambia su fisionomía  gracias a la energía de sus jóvenes que conforman el 75% de la población.

Que pasó con la sociedad civil? Quien la tuvo en cuenta?  Aún se viven las secuelas de esta tragedia en el seno de sociedad aparentemente feliz al primer atisbo.

La tragedia camboyana  puede repetirse en cualquier parte,  puede suceder en México, o en el pais de usted  y en cualquier otro sitio, mientras prime falta de información, de empatía y solidaridad de la sociedad civil global.

La solidaridad entre simples ciudadanos y el deseo colaborar han ayudado a reconstruir el tejido social a través del arte, éste es el motor de el Tequio* “la buena impresión”, creado para por artistas mexicanos que financiaron con sus propios medios un taller de grabado que fue donado a  la Royal University of Fine Arts. El taller se embarcó en 2011 siguiendo la ruta comercial de los galeones españoles que a su paso rumbo a Europa enriquecieron durante 300 años  las artes de México. La materia prima viajó por Manila, Hong Kong, Ho chi Minh y finalmente llegó a Phnom Penh donde con el apoyo del Rector de la Universidad PHD.Dr. Bong Sovath,  de So Chenda director de La facultad y bajo la dirección de Chan Vitharin se creó el “Taller Char” (punta seca en lengua Khmer) Ahí formamos técnicos en una disciplina artística que para nuestra sorpresa no existía en Camboya. El genocidio había puesto final desarrollo de muchos aspectos de su cultura, incluida la posibilidad de que la gráfica artística fuera parte de su rico patrimonio artístico.

Las artes gráficas, especialmente el grabado, es una parte fundamental de los programas de enseñanza de arte profesional y ofrece un gran margen para la expresión creativa. También brinda  una opción sostenible para los artistas e impresores camboyanos en un creciente mercado del arte donde hay una gran afluencia de turistas debido a los bajos costos de producción.

En los últimos siete  años se han impartido voluntariamente 25 cursos especializados por artistas e impresores de renombre de México, Camboya, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. Como resultado, 70 estudiantes y profesores han sido certificados como impresores profesionales. Graduados de Char-RUFA como Vollak Kong, Neak Sophal y Prom  Putvisal han exhibido internacionalmente y han sido galardonados por su trabajo. El taller Char ha tenido nueve exposiciones durante siete años y se han publicado 15 artículos sobre el proyecto en Camboya y en el extranjero.

Esta colaboración también ha llevado a tres artistas camboyanos a obtener residencias en estudios especializados y exponer en museos mexicanos con fondos de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) del Ministerio de Relaciones Exteriores. Chan Vitharin cofundador y profesor en Char-RUFA fue el primer experto camboyano en enseñar historia  del patrimonio artístico camboyano en México.

Char-RUFA también trabaja para recuperar técnicas artísticas que se perdieron durante el genocidio y las guerras civiles que devastaron Camboya hace 30 años, como la pintura al fresco y la litografía.

Char-RUFA es el primer taller de artes gráficas en la historia de Camboya, y no habría sido posible sin el compromiso de los profesores y estudiantes de Camboya, quienes trabajaron voluntariamente para no sólo transformarla en un curso de licenciatura en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad, sino también para convertirla en un ejemplo de colaboración y creatividad en la  escena artística nacional. El taller transpira creatividad, está dentro de la facultad de artes en el corazón de Phnom Penh, en un edificio de una sola planta que data de 1920 ,justo atrás del museo nacional dónde los visitantes son bienvenidos.

En Oaxaca son infinitos los paisajes de montañas y valles, su capital conserva el trazado de hace 400 años. La ciudad  fué construida con la cantera local que en contacto con el agua se vuelve color de jade. La intensidad de la luz que atraviesa las nubes y su herencia indigena la hacen única.

Oaxaca, es hoy  un centro internacional de gráfica contemporánea. Un fenómeno que se debe al taller Rufino Tamayo, fundado por Roberto Doniz en 1974  con el apoyo de Rufino Tamayo y Francisco Toledo. El taller alojaba a jóvenes de las etnias de la región, que aprendían grabado y ellos  al madurar crearon la escuela Oaxaqueña de pintura, La gente de Oaxaca tiende a favorecer a su propia comunidad y las enseñanzas se compartieron. Hoy tras 40 años de continuidad hay  mas de 40 talleres de producción profesional, que atraen a artistas, impresores y coleccionistas de todo el mundo.

La experiencia del Taller Char-RUFA  en Camboya y el ejemplo del Taller Rufino Tamayo nos impulsó a favorecer a nuestra propia comunidad.

Julie Gerbaud  y Patrick Devereux ex profesor de litografía de  l’École Nationale des Beaux Arts en París nos donaron  una enorme prensa Voirin, construida en 1909,  esta máquina eléctrica de seis toneladas  y casi cinco metros de largo es muy codiciada entre las grandes casas de edición europeas. La mayoría de los grandes artistas a del siglo XX produjeron en ellas y quedan alrededor de 20 funcionando en el mundo.  Gracias a su generosidad y la de la fundación Salon de Mai pudimos traerla desde el pueblo de St Christol de Rodiéres en el  sur de Francia hasta Oaxaca. Donde fundamos El taller La Buena Impresión,  una escuela de alto nivel  con la meta: expandir las artes gráficas al interior del estado de Oaxaca.  La estrategia es formar a jóvenes del taller Rufino Tamayo y otras instituciones en pintura, dibujo, historia del arte y grabado para que  ellos a su vez vivan la experiencia de enseñar en comunidades.

Ellos seleccionarán a su vez a los mejores alumnos a quienes recibiremos en residencia para perfeccionarse y convivir con artistas e impresores consagrados. El taller ubicado en el céntrico barrio de Jalatlaco, un punto de encuentro y diálogo entre impresores y artistas de todo el mundo.

Tequio* En México se conoce como tequio a la faena o trabajo colectivo que todo vecino de un pueblo debe a su comunidad. Es una costumbre prehispánica que con diversos matices continúa arraigada en varias zonas de este país.

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